León cazandoCuando una hipótesis puede conducir tanto a la tesis como a su antítesis, y de este modo se hace imposible probar la veracidad o falsedad de la hipótesis, se dice que estamos frente a una tautología. En otras palabras, el teorema no es falseable. No existe manera alguna que el investigador encuentre una experiencia que permita discriminar si la hipótesis es correcta o no. 

Tomemos por ejemplo la teoría de la evolución. La selección natural nos dice que la especie u organismo que sobrevivirá es aquel que es más fuerte respecto de sus depredadores, la supervivencia del más apto. Cuando se le pregunta ¿Cuál es de acuerdo a la teoría el más fuerte? Se dirá en general, el que sobrevive. Se reconoce por tanto al más fuerte por la característica de sobrevivencia, pero la teoría dice que el que sobrevive es el más fuerte, y el más fuerte es el que sobrevive.

Por ejemplo, se le pregunta a la teoría si acaso el león perseguirá al animal más débil o al más fuerte. ¿De cual de los dos tipos de gacela se alimentará?. La teoría responderá que de la más débil, pues este no podrá escapar de su depredador, por lo tanto, el que huye es el más fuerte, el débil y el enfermo es alimento de leones.

Pero en la naturaleza, se observa que el león persigue a los animales más sanos y más fuertes y desprecia a los animales débiles y enfermos, y talvez en sólo algunas ocasiones, intentará saciar su hambre con estos últimos. ¿Cuál es más fuerte entonces? Según la definición anterior será el débil y el enfermo. Como se puede apreciar, el más fuerte es un asunto semántico. Se acomoda el concepto de acuerdo a la realidad observada y, por lo tanto, la aseveración “el más fuerte es seleccionado” siempre resulta ser verdadera. Esto es tautología. La hipótesis inicial explica ambos acontecimientos y ninguno de los hechos contradictorios en sí puede desmentir o falsear al teorema inicial.

Algo similar ocurre en el cristiano frente a los acontecimientos del diario vivir. Se dan en él hipótesis tautológicas que impiden ver la veracidad de sus conceptos.  Frente a acontecimientos positivos, el creyente se siente bendecido y favorecido por Dios. Supondría esperar que frente a acontecimientos dolorosos el creyente debería sentirse abandonado y abrumado por Dios. Pero suele ocurrir que el creyente re-interpreta la realidad, confiando en la Sabiduría de Dios, aceptando esta “su voluntad”,  diciendo que “todas las cosas nos ayudan a bien” o “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Por lo tanto, la realidad es siempre justificada, y conducida a una bienaventuranza, ya sea porque efectivamente lo es, o por re-interpretación de los acontecimientos dolorosos, en la comprensión de que Dios está detrás de este pesar.

Así el creyente respecto del incrédulo no se diferenciaría en los hechos reales sino que en la re-interpretación de esta realidad. Este fenómeno se reproduce similarmente en las personas que juegan a la lotería, u otro juego del azar. Cuando compran un número imaginan que en el siguiente sorteo serán favorecidos y que por lo tanto las faltas de dinero de este período serán pronto suplidas. Mientras tanto, el pesar diario no le es tan gravoso de llevar. La cruz se vuelve momentáneamente más liviana a la espera de ese gran premio. El jugador re-interpreta su magra realidad y esto le sostiene un período más.

Entonces, ya no se vive en verdad dentro de la realidad, sino dentro de una auto interpretación de ella, en una interpretación que hace la vida más llevadera, aunque esta re-interpretación pueda o no ser verdadera.  En cierto modo, el creyente podría andar en la imaginación, producto de sus propios pensamientos, y no necesariamente en la voluntad de Dios.

Esta manera tautológica de enfrentarse con la realidad, puede llegar a ser alienante. Podemos prácticamente cambiarnos mentalmente a un mundo inexistente, sin siquiera darnos cuenta de este cambio. Esta alienación es compartida en general por todos los seguidores de alguna religión. Los principios serán explicados de una u otra manera pero detrás de estas mismas explicaciones estará la aceptación incondicional de los hechos que se enfrentan y por lo tanto, una re-interpretación de estos mismos sobre la base de la propia doctrina, saliendo Dios vencedor en toda esta interpretación.

La pregunta que se viene a la mente es:  ¿Es esta suerte de ilusiones auto creadas, esta interpretación tautológica de la realidad, lo que los creyentes llamamos Voluntad de Dios?. Esta pregunta es inquietante pues estamos diciendo que las muchas veces que creemos estar en el centro de la Voluntad de Dios no es más que una desafortunada interpretación nuestra de los hechos que nos ocurren, producto de nuestra cultura y religión preferida. ¿Cómo entonces diferenciamos nuestra interpretación de lo que creemos es la Voluntad de Dios, nuestra Tautología, de la verdadera Voluntad de Dios? ¿Como puede un creyente cristiano decirle a uno musulmán o incluso judío que ellos no están en la Voluntad de Dios?

El problema reside en nuestra incapacidad de diferenciar la realidad de nuestra interpretación de la misma. Esta interpretación estará sujeta a nuestra cultura y conocimientos. Ella nos aproximará asintóticamente a la realidad, todo lo cercana a ella que podamos y que esté  de acuerdo a lo que nuestras habilidades cognitivas nos permitan, pero sin capturarla completamente. Y aunque no lo hayamos pensado, esto afecta nuestra comprensión de la “religión verdadera”.

El famoso teorema de Gödel  dice que : “en todo sistema formal existen conceptos verdaderos pero que no podemos demostrar dentro de la formalidad del sistema”. Es decir, algunos conceptos, los cuales concebimos como verdaderos, no podrán ser resueltos por nuestro sistema referencial. Necesitamos ayuda externa para validarla. Así, desde nuestro sistema formal, todas las religiones no pueden ser verdaderas. Intuimos, que a pesar de que no es posible una demostración, el dolor que los seres humanos experimentamos, es para madurar en nosotros el carácter, y que de alguna forma, Dios usa estas amargas experiencias en su brillante sabiduría. Pero, en nuestro sistema formal esta afirmación no es demostrable.

Veremos, como Salomón, que tanto el bueno como el malo perecen, y que todo es vanidad. Tanto así que llega a exclamar que vale más un perro vivo que un león muerto. Salomón, en toda su Sabiduría concluye que “nada nuevo hay bajo el sol”, que sufre el bueno y el malo, y todo esto es vacuidad. Entonces, él que sufre no tendría esperanza, pues su mal viene y lo golpea, pero nada ni nadie pudo hacer que sucediera algo distinto, algo así como el poder que algunos les dan al “destino”, o de los que dicen “está escrito”. Pero estas palabras no traen consuelo al sufriente sino más dolor.  Es conformarse al Karma Hindú. Por lo tanto, el concepto tautológico acerca de la Voluntad de Dios no puede ser verdadero tal cual se entiende normalmente.

Jesus sana a un cojo¿Existe alguna base bíblica para romper con este nudo tautológico? Encontramos en Mateo 11:1-6 a Juan el Bautista preguntándose si Jesús es realmente el mesías esperado, en otras palabras, Juan pregunta si lo que ha creído es realmente la Voluntad de Dios, o ha estado creyendo equivocadamente. Si los pesares que actualmente está viviendo están en los planes de Dios o sólo se ha engañado a mismo.  Se pregunta a sí mismo si ha estado viviendo su vida tautológicamente, sin demostración objetiva alguna de la veracidad de su interpretación de los acontecimientos. Jesús le responde al respecto: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; ” ( vv 4-5). La respuesta está fuera del contexto de la pregunta. Sin duda, Jesús está pensando en dar consuelo a la atribulada situación de Juan, pero este consuelo se sale del marco de referencia del que inquiere. En pocas palabras, la respuesta se sale del marco referencial, o, en palabras de Gödel, esta demostración no está dentro del sistema.

Al examinar la respuesta de Jesús, observamos que él dirige su atención a aquellos que han sido favorecidos por él, los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos, e incluso los muertos. Todos ellos han recibido algo extraordinario, sobrenatural, unos la vista, otros su capacidad de andar, otros fueron limpiados, incluso a algunos se les devolvió la vida. En este mismo contexto, a los pobres les es anunciado el evangelio. Es como si Jesús dijera: mira Juan entiendo el nudo tautológico en que estas, pero espera, tengo que darte una buena noticia, están ocurriendo cosas extraordinarias, se están produciendo milagros, entonces, lo que creíste es correcto, pues he aquí el Reino de Dios se ha manifestado trastocando la historia de algunos hombres, ellos han sido sanados, ellos están siendo resucitados.

Podemos encontrar un sin número de situaciones en la escritura en que el nudo tautológico se desata con el acontecimiento sobrenatural, con el componente milagroso de la respuesta (por ejemplo, el llamado de Moisés, el llamado de Gedeón,  etc.) Entonces podemos responder a la pregunta ¿Cual es la verdad? Con “es aquella que rompe el nudo tautológico con poder sobrenatural”.

Por lo tanto, el milagro es esencial para conocer la verdad. Cuando el cristianismo se aparta de su trasfondo sobrenatural, también se aparta de lo que le da sensatez. Es la intervención sobrenatural dentro de la historia del hombre, de estos acontecimientos sobrenaturales que lo acompañan lo que da sentido a las frases acerca de la Sabiduría de Dios. Por lo tanto, postulo aquí que los hechos sobrenaturales son consustanciales a la predicación del evangelio. No tiene sentido ni razón de ser un evangelio sin estos hechos.

Desde este punto de vista, el milagro viene a ser la demostración externa al sistema del hombre acerca de la veracidad de los conceptos que habla. Así, mientras no podíamos escapar de nuestra rutinaria interpretación de la realidad, el milagro nos obliga a re-interpretarla en favor de algo ajeno a nuestro sistema. Nosotros llegamos a conocer que Dios es porque Él se atestigua a sí mismo. Él hace cosas que no están en nuestro marco referencial. Finalmente, Él es la demostración de una verdad externa que no podemos demostrar.  Lo que llamamos milagros, es la intervención dramática del que hacer de Dios en el que hacer humano.

Sobre las aguasDespojar al evangelio de su carácter sobrenatural y actual, es despojarlo de todo lo que le da sentido. Su demostración no consiste en palabras, sino que en poder (1 Corintios 2:3-5; 4:19-20). Este poder sobrenatural le diferencia como un faro en las aguas turbulentas. Este poder sobrenatural hace rendir en el hombre todo argumento falaz, toda presunción de inteligencia.  Este poder sobrenatural es dado por Dios a los hombres que han creído.

Entonces, aquellos defensores del evangelio que relegan al pasado esta manifestación de lo sobrenatural, sólo nos hablan de su propia incredulidad, de su propia incapacidad para conectar con el poder que deben saturar las palabras. No sólo es el milagro de la redención, subjetivo tantas de las veces, sino que los ciegos vean, los cojos anden, los mudos hablen y los muertos resuciten, los otros milagros son también, por su carácter objetivo,  los que debiéramos esperar de el evangelio verdadero. No es que tengamos otro evangelio sino que, al despojarlo de su aspecto sobrenatural, lo transformamos en otra cosa, en un pseudo-evangelio. Otra vez, los hechos sobrenaturales son consustanciales al evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, a pesar de la potencia de Juan el Bautista, a pesar de su perturbador mensaje, éste no es capaz de comprender los tiempos que se avecindan. Probablemente, en su lógica no es razonable que él este en la cárcel por defender el obrar de Dios y sus demandas. Pero a pesar de esta situación, se le responde de la manera que no espera:  los ciegos son sanados, los mudos hablan, etc. esta respuesta le señala a Juan que aún en las circunstancias complicadas en las que se encuentra, Dios está obrando en favor del hombre.

¿Puede hoy día esta potencia de Dios ser considerada en menos? ¿No tenemos ya el evangelio completo? Respondemos a esto que ¿No está el corán completo? ¿No está los sagrados escritos hindúes completos? Sólo el Poder Sobrenatural de Dios marca la diferencia. Pero este poder debe ser experimentado por cada uno de los que se acerca a Dios. No sólo de oídas, sino vívidamente. Entonces, ya sea subjetivamente, u objetivamente, debemos tener un encuentro con lo sobrenatural de Dios para ser partícipes del evangelio, la razón no es suficiente.

Acuso que en nuestro siglo se hace necesaria esta potencia. Esta evidencia de hechos sobrenaturales. Parafraseando a Pablo, cuando más sobreabundó la razón, más abundante sobreabundará para vida eterna el poder. Y cuando digo poder sobrenatural, se entiende que no es verificable por la razón, aunque sus consecuencias sean observables. Así, el ciego ahora puede ver, pero como se produjo este cambio tan drástico, cuales causas movieron este cambio de las leyes naturales, son incomprensibles para la razón. Pero sí, podemos verificar que: el que era ciego ahora puede ver. Podemos verificar que el hacha de hierro flota en el agua. Podemos verificar con nuestros certificados médicos de que el cáncer ha desaparecido, y que el desahucio médico no ocurrió. Alguien intervino la penosa historia del hombre. Ha ocurrido un cambio en la esfera de lo natural, en nuestra área de la comprensión de la realidad, que nos atestigua que el hecho tautológico ha desaparecido. Se ha demostrado por esta intervención que el evangelio es más que un edificio intelectual nacido de nuestra imaginación. Es sinónimo de una realidad verificable.