José y sus hermanos en Egipto

José, el egipcio

Es conocida la historia de José. El episodio que quisiera comentar es aquel cuando José se encuentra con sus hermanos y estos no le reconocen. Y no le reconocen porque José parecía  otro egipcio pues, vestía como egipcio, hablaba como egipcio, mandaba como egipcio, actuaba como egipcio, y era reconocido por todos los egipcios por su sabiduría y conocimiento. Sin embargo, José no era egipcio.

Muchos creyentes hoy en día piensan que, en nuestro trato con el mundo, debemos comportarnos como José, aparentar ser egipcios, pero en realidad no serlo. En pocas palabras, seguir las modas del mundo: vestirnos como mundanos, hablar como mundanos, pensar como mundanos, actuar como mundanos, y de esta manera, llegar a ser influencia en las decisiones del mundo, tal como José.

Bien, el problema es saber donde se encuentra el límite.

Sin duda, hasta ese momento, cuando sus hermanos aparecen, el mismo José no lo sabe. Finalmente, se da cuenta que no puede seguir fingiendo. En su corazón él se sabe hijo de Jacob, hijo de Israel. La Biblia enseña que el lloró amargamente, pues fingir frente a sus hermanos lo llevó más allá de lo que su esencia, es decir, su espíritu, podía resistir. Es sorprendente ver la vida de José: en todo momento mantiene su entereza y su confianza en que Dios lleva su vida. A pesar de las circunstancias tan desastrosas que le toco vivir año tras año. Le vendieron  como  esclavo, fue acusado de criminal y encarcelado como tal, se olvidaron de él; pero, es en este episodio tan especial, por única vez en la Biblia, a José se le ve totalmente quebrado y entristecido. Su corazón no tiene paz y toda su sabiduría se balancea entre dos límites: el castigo o el perdón de sus hermanos.

José podía actuar como egipcio y condenar a aquellos que tanto mal le habían propinado. O elegir el perdón, dándose a conocer como uno más entre sus hermanos.

Totalmente quebrantado escoge perdonar y declarar que era uno de ellos.

El motivo de esta respuesta debemos encontrarla en lo profundo del corazón de José, pues a pesar de todas las penurias, él se sentía como uno que había sido elegido para hacer la Voluntad de Dios. Es decir, aunque aparentaba ser egipcio, en su corazón sabía que no lo era. Las riquezas y las vestimentas egipcias no transformaron su corazón.

Las circunstancias pudieron afligirlo, quebrantarlo, pero en su interior él sabía que no podía actuar como si no conociera a Dios. El límite que no se atrevió a cruzar fue el de no herir a su familia, a sus hermanos. El límite que no se atrevió a cruzar fue no hacer lo que era justo para los egipcios sino lo que era justo para Dios, pues, finalmente, todos rendimos cuenta al Hacedor.

Sin embargo, hoy encontramos cristianos que no conocen donde se encuentra este límite.

Su testimonio deja mucho que desear. Se dicen cristianos pero sus acciones no se pueden diferenciar en nada respecto de sus colegas o compañeros de trabajo. Si el medio usa garabatos, el también lo hace. Si se está bebiendo no para hasta que se encuentra completamente embriagado. En todos aspectos él es  indiferenciable, indistinguible del resto. Al parecer uno más del grupo sustituye el ser de verdad. La verdad de su encuentro es ocultado tras una máscara llamada “no desteñir”.

A pesar de esto, si le preguntan si es cristiano, uf!, seguro que responderá que si lo es! Después de todo no es un perro. Y de verdad, sí tuvo un encuentro con Jesús. El problema es que quiere caer bien a sus amigos, quiere “agradar” a los demás, al mundo completo.

Y este José olvida que es hijo de Israel, y que sólo está de paso por Egipto.

Esto ocurre muy frecuentemente como lo he podido observar. Dios ha honrado a muchos profesionales hoy en día en cargos importantes, en posiciones de influencia. Pero el precio ha sido sus convicciones, su testimonio, su manera de actuar. Ya no sirven, pues no hablan de su Señor. Lo que antes era glorioso, hoy es dudoso, se lo reserva, es sólo para él. No dice lo que opina realmente, pues puede parecer intolerante, o poco amistoso. El mal ya no es tan claro, se desdibuja en la opinión de la mayoría. En los temas trascendentales no quiere emitir su opinión, el cielo y el infierno no existen, cada uno tiene derecho a opinar sobre el aborto o el matrimonio gay, ya no importa lo que tenga que decir Dios al respecto; después de todo la mayoría opina que la Biblia es un libro más escrito por los hombres. Esconde la lámpara que podría ayudar a otros debajo de la mesa, no quiere ser confundido con sus “otros hermanos”.

Entonces para todos los Josés que están en el rol de parecer egipcios, unos cuantos consejos que le ayudarán a no pasar los límites:

  1. No trances tus valores cristianos: no podemos ser tolerante con la maldad ni con quien la hace. Pero podemos escuchar de manera tolerante cualquier opinión.
  2. No maldigas (no digas garabatos, no desees mal a otras personas): recuerda que más importante que caer bien a tus amigos, es agradar a Dios, y claramente nos enseña que de toda palabra necia daremos cuenta.
  3. En política siempre ten presente que esta es una respuesta humana a los grandes problemas sociales y que muchas veces el poder obedece ciegamente a personas desquiciadas. Nuestro camino es el de Jesús, el de Martín Luther King, quienes no necesitaron asesinar a sus semejantes para cambiar el mundo.
  4. No bebas indiscriminadamente. No estamos en tinieblas como para necesitar drogas que nos ayuden a ser mejores personas. Embriagarte está mal siempre.
  5. Siempre ten conciencia que hay gran necesidad entre la gente de encontrarse con la luz. Hay demasiada confusión entre ellos. Hay demasiada soledad. Si supieran lo que tú tienes, no querrían ser egipcios. El faro ayuda a los barcos a evitar el desastre si está encendido no cuando está apagado.
  6. Trata de ser mejor cada día, un poco más. Recuerda que Jesús nos enseña a buscar la perfección día a día: Sean perfectos como tu Padre que está en los cielos es perfecto.

Por sobre todas las cosas, ama la verdad. Sobre ti mismo, sobre la vida, sobre todo lo que te rodea. Se verdadero como tu Padre lo es.