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El nihilismo es la filosofía de que nada tiene sentido ni significado. Enseña que todos nosotros somos parte de un gran «vacío». Esta filosofía es consecuencias directa del pensamiento ateo dado que: sin Dios, no existe nada que tenga real significado,  sólo nos queda un tremendo vértigo frente a la no existencia, a la nada, con todo el despropósito que esto significa. De esta manera, Nietzsche, al declarar que «Dios ha muerto» también redujo toda la existencia del ser humano a una completa inexistencia. Nietzshe, siguiendo este razonamiento hasta sus últimas consecuencias, concluye que la vida en si misma no tiene ningún significado, y es producto de la necesidad y el azar.

Desde esta precaria cosmovisión se vive en un desesperado grito por querer ser alguien o  algo más que las rocas y el polvo que inundan el universo, sencillamente ser…

El artículo siguiente fue tomado del libro: “El Universo de al Lado” del autor James W. Sire, libro que explora las distintas cosmovisiones que han dado la estructura al postmodernismo. Es un libro agudo, que discute los temas con valentía, y se adentra en el espíritu desorientado y deprimido de nuestra cultura post modernista. Aquí les dejo estos párrafos.

Tensiones internas en el nihilismo

El problema es que nadie puede vivir la Vida examinada si el examen conduce al nihilismo, porque nadie puede vivir una vida consitente con esa cosmovisión. En cada paso, en todo momento, los nihilistas piensan, y su pensamiento tiene sustancia, por lo que hacen trampas en su filosofía. Según creo, hay al menos cinco razones por las que es imposible vivir el nihilismo.

En primer lugar, de la nada sin significado no resulta nada, o mejor dicho, todo resulta. Si el universo no tiene sentido y el hombre no puede conocer y nada es inmoral, están abiertos todos los cursos de acción. Uno puede responder a la ausencia de significado por medio de un acto cualquiera, porque nada es más apropiado o menos. El suicidio es un acto, pero no «se deduce» como más apropiado que ir a ver una película de Walt Disney.

Pero siempre que nos situamos en un curso de acción, colocando un pie delante de otro en una forma no fortuita, estamos declarando una meta. Estamos afirmando el valor de un curso de acción, incluso si es exclusivo para nosotros. Por tanto no estamos viviendo conforme al nihilismo. Estamos creando valores mediante la elección. De este tipo de argumento surge el intento de Albert Camus por ir más allá del nihilismo hasta el existencialismo, como consideraremos en el capítulo siguiente.

En segundo lugar, cada vez que un nihilista piensa y confía en su pensamiento, está siendo incoherente, porque ha negado que el pensamiento tenga valor o que pueda conducir al conocimiento. Porque en el corazón del nihilista hay una contradicción interna. En el universo no hay significado, gritan los nihilistas. Eso quiere decir que su única afirmación es carente de significado, porque si tuviera que significar algo sería falsa. Los nihilistas están metidos en una caja. No pueden llegar absolutamente a ninguna parte. Simplemente están; simplemente piensan; y nada de ello tiene significación alguna. Con la excepción de quienes son internados en sanatorios por sus acciones, a quienes tratamos como pacientes, nadie parece llevar a la práctica su nihilismo.

En tercer lugar, aunque es posible una limitada especie de nihilismo práctico durante un breve tiempo, en la práctica se llega a un límite. La comedia Catch-22 se apoya en esta premisa. El capitán Yossarian está teniendo una conversación teológica con la esposa del teniente Scheisskopfs, y Dios está siendo objeto de ásperas discusiones.

Habla Yossarian:

Dios no trabaja, juega. O se ha olvidado totalmente de nosotros. Esa es la clase de Dios de la que habla tu gente: un paleto, torpe, chapucero, bobo, engreído y burdo patán. Por Dios, ¿cuánta reverencia puedes tener por un Ser Supremo que ve necesario incluir fenómenos como los mocos ola caries en su sistema de creación?

Después de varios intentos infructuosos de responder al ataque Verbal de Yossarian, la esposa del teniente se pone violenta.

¡Basta! ¡Ya está bien! — gritó de pronto la esposa del teniente Scheisskopf, y empezó a golpearle con los puños en la cabeza sin gran resultado — ¡Basta!…

¿Qué demonios es lo que tanto la molesta? -le preguntó perplejo en un tono de compungida diversión- Tenía entendido que usted no creía en Dios.

Y no creo, — sollozó ella, irrumpiendo violentamente en lágrimas — pero el Dios en quien no creo es un Dios bueno, justo y misericordioso. No es el mezquino y estúpido Dios que está usted presentando.

Aquí tenemos otra paradoja. Para negar a Dios uno tiene que contar con un Dios al que negar. Para ser un nihilista practicante, tiene que haber algo contra lo que luchar. El nihilista practicante es un parásito del significado. Se queda sin energía cuando no queda nada que negar. El cínico no tiene nada que hacer cuando no hay nada más a su alrededor.

En cuarto lugar, el nihilismo significa la muerte del arte. Aquí también encontramos una paradoja, porque buena parte del arte moderno – literatura, pintura, teatro, cine- tiene en el nihilismo su eje ideológico. Y gran parte de esa literatura es excelente según los cánones  tradicionales del arte. Nos Vienen en seguida a la mente «Fin de partida» de Samuel Beckett, «Luz de invierno» de Ingmar Bergman, «El proceso»  de Kafka, y varias obras acuñadas por Francis Bacon. Lo retorcido es que en la medida en que estas obras de arte presentan la implicación humana de una cosmovisión nihilista, no son nihilistas; en la medida en que carecen de sentido, no son obras de arte.

El arte no es nada si no es formal, es decir, dotado de estructura por el artista. Pero la propia estructura implica significado. Así que en tanto en cuanto una obra de arte posee estructura, tiene significado y por tanto no es nihilista. Incluso «Breath» de Beckett tiene estructura. Un basurero, los desperdicios en un montón de basura. Un simple montón de rocas explotadas en una cantera no tiene estructura. No es arte.

Una parte del arte contemporáneo pretende ser, con su carácter aleatorio, anti arte. Buena parte dela música de John Cage se basa en juegos de azar, en aleatoriedad, monótona y chirriante, y hay pocos que soporten escucharlo. Eso no es arte. Después tenemos «Un virtuoso del hambre» de Kafka, un brillante aunque triste relato sobre un artista que intenta hacer arte a partir del ayuno en público, a partir de la nada. Pero nadie lo mira; todo el mundo pasa de largo para ver a un leopardo que se pasea en su jaula. Hasta la “naturaleza” del leopardo es más interesante que el “arte” del nihilista. También Breath, con todo su minimalismo, tiene estructura y significa algo. Incluso si el sentido es que los hombres carecen de significado, la obra forma parte de la paradoja que he examinado anteriormente. En resumen, el arte implica significado y es en la práctica no nihilista, a pesar de los irónicos intentos de los nihilistas para mostrar sus productos por medio de él.

En quinto y último lugar, el nihilismo plantea serios problemas psicológicos para el nihilista. Las personas no pueden vivir con el nihilismo porque niega lo que busca cada fibra de su ser si percibe: sentido, valor, significado, dignidad. Bloom escribe: «Nietszche sustituye el acomodado o autocomplaciente ateísmo con el ateísmo agónico, que sufre sus consecuencias humanas. El anhelo de creer, junto con el rechazo a satisfacer dicho anhelo es, según él, la respuesta profunda de nuestra entera condición espiritual».

Nietzsche terminó sus días en un manicomio. Ernest Hemingway defendió un «estilo de Vida» y acabó suicidándose. Beckett escribe comedia negra. Vonnegut se da la buena vida, como Adams hasta su reciente muerte. Y Kafka  — quizás el artista más grande de todos ellos — vivió una vida casi insoportable de tedio, escribiendo novelas y cuentos que concluyen en un grito sostenido: «¡Dios ha muerto! ¡Dios ha muerto! ¿o no? Quiero decir, seguramente ha muerto ¿no es así? ¡Oh, cuánto, cuánto, cuánto quisiera que no fuera así! ».

Así pues, el nihilismo forma el eje sobre el que se mueve el hombre moderno. Nadie que no haya sentido la desesperación de los nihilistas, los haya oído, haya sentido como ellos — aunque sea poniéndose en su lugar a través de su arte — puede entender el siglo pasado. El nihilismo es la brumosa región profunda que el hombre de nuestro tiempo tiene que transitar si quiere construir una vida en la cultura occidental. No hay respuestas fáciles para nuestras preguntas, y ninguna de dichas respuestas vale para nada a menos que tomemos en serio los problemas suscitados por la posibilidad de que no exista nada de valor.